ashtray girl

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Vale la pena leer.
kinodna:

Eliécer.
Eliécer es un niño de la calle, tiene 16 años y duerme en las escaleras externas del CELARG arropado con cartones, viene todos los días a la tienda, me saluda con un “Qué más flaco?”, me pide un cigarro, otras veces comida, intimida un poco a quien esté en la tienda y luego se marcha tranquilo. Al principio me daba un poco de miedo, cuando llegaba escondía el celular y trataba de que se marchara rápido, ahora me alegra un poco cada vez que llega y hasta me acostumbré a su característico olor.
Ayer me estaba fumando un cigarro frente a la tienda y Eliécer se sentó un rato conmigo, le pregunté su nombre, puesto que no lo sabía y me refería a él como “El piedrerito”, le pregunté si sabía leer y escribir, me dijo que leer poco y escribir nada, sólo su nombre, acto seguido, arrancó una planta de la jardinera y escribió con el jugo de sus hojas en el suelo:
ELIESER
Le dije que estaba muy bien, pero que Eliécer era con C y no con S, noté que no sabía a que letras me refería y señalé la C de Cine en el anuncio de la tienda, luego escribió en el suelo:
ELIECER
- ¿Así? - preguntó.
- Así - afirmé.
- Ah pero suenan igual - agregó.
- Claro! Se pronuncian igual pero así es como se escribe - le dije. Y preferí no ahondar en el acento de la E.
Le pregunté por sus noches y por sus días, me dijo que pasa las noches despierto, puesto que lo pueden hasta matar porque “En la calle hay gente mala flaco” y duerme en el día, me dijo que estaba en la calle desde los 5 años, que su madre vivía en La Guaira pero que lo había regalado a una señora de Petare, de la cual nunca más supo nada y “Ya no debe ni existir”. Le pregunté si lloraba y me respondió “Mucho”.
Luego señaló uno de los carteles de películas que adornan la entrada de la tienda y me dijo:
- Uy yo quiero volver a ver esa película - Señalando el cartel de Las aventuras de Chihiro.
Extrañado le pregunté si en serio había visto la película y me respondió:
- Claro! Los papás de ella llegan a una casa y se comen un montón de pollo y comida y se convierten en marranos.
Me di cuenta que, efectivamente, la había visto y yo había pecado de incrédulo. Le pregunté:
- ¿Dónde la viste?
- En el cine - dijo.
- ¿En cuál cine? - pregunté incrédulo nuevamente.
- En el del San Ignacio - sonrió.
- ¿Y cómo hiciste para entrar?
- Pues me coleé - sonrió de nuevo - esperé a que entrara toda la gente y cuando el de la puerta se descuidó me metí, me escondí debajo de las sillas y me puse a ver la película, los de seguridad me buscaban por toda la sala - risas - pero me consiguieron y me sacaron, y no la pude terminar de ver, y me llevaron para afuera y me daban con el radio por la cabeza y me decían MALDITO MALDITO!
Yo que no sabía si reír o llorar por la historia de Eliécer, y porque no había podido terminar de ver su película le propuse un trato, le dije que le iba a buscar la película y se la iba a proyectar en la tienda, eso sí, él debía primero bañarse bien con agua y jabón, me dijo que se podía bañar pero que no tenía más ropa y con la misma ropa iba a oler mal, cambié el trato, entonces propuse buscarle ropa y zapatos nuevos, una vez que él tuviese el jabón yo le daba la ropa, iba a tener la película esperándolo en la tienda y el día que llegara limpiecito, sin oler a calle y soledad, lo sentaría frente al televisor con unas cotufas para que viera la película de principio a fin sin ningún guardia de seguridad que lo buscara y sin golpes en la cabeza. Así cerramos el trato.
Seguimos conversando y Eliécer nombró a Dios, le pregunté si creía en Dios y me dijo que sí, luego se agachó un dibujó una cruz, me dijo que en ella habían colgado a Dios, que tenía clavos en las manos y estaba lleno de espinas en la cabeza, que la sangre chorreaba mucho mucho mucho, que un hombre le había clavado una estaca y cuando él lloró se empezó a derrumbar todo. Le pregunté entonces que cómo sabía eso, me dijo que esa película también la había visto (La pasión de Cristo, asumo) una semana santa que la estaban proyectando en la calle. Sonreí entonces y le dije:
- Parece que has visto más películas que yo Eliécer.
Y me dijo:
- No flaco, seguro tú has visto todas las películas del mundo.
Hoy llegué a la tienda con una bolsa para Eliécer, dentro de ella: una muda de ropa, un par de zapatos, medias, ropa interior, un desodorante y un cepillo dental. Hace poco vino a visitarme como es costumbre, le mostré que ya tenía mi primera parte del trato y se le iluminó el rostro, aunque con un cierto halo de extrañeza, pero es comprensible. A cambio, Eliécer sacó de su bolsillo un dije de una virgencita y me lo dio para que “me protegiera”, le pregunté por qué no se lo quedaba él para que lo protegiera en la calle y respondió:
- Flaco en la calle yo necesito más que eso para que me proteja.
Ahora sólo me queda encontrar Las aventuras de Chihiro doblada al español y que Eliécer cumpla con su parte del trato, la tienda no es el lugar más cómodo para ver una película pero al menos aquí no habrá golpes, ni maldiciones, ni películas sin final.
No Eliécer, yo no he visto todas las películas del mundo, pero el cine nunca deja de sorprenderme.

Vale la pena leer.

kinodna:

Eliécer.

Eliécer es un niño de la calle, tiene 16 años y duerme en las escaleras externas del CELARG arropado con cartones, viene todos los días a la tienda, me saluda con un “Qué más flaco?”, me pide un cigarro, otras veces comida, intimida un poco a quien esté en la tienda y luego se marcha tranquilo. Al principio me daba un poco de miedo, cuando llegaba escondía el celular y trataba de que se marchara rápido, ahora me alegra un poco cada vez que llega y hasta me acostumbré a su característico olor.

Ayer me estaba fumando un cigarro frente a la tienda y Eliécer se sentó un rato conmigo, le pregunté su nombre, puesto que no lo sabía y me refería a él como “El piedrerito”, le pregunté si sabía leer y escribir, me dijo que leer poco y escribir nada, sólo su nombre, acto seguido, arrancó una planta de la jardinera y escribió con el jugo de sus hojas en el suelo:

ELIESER

Le dije que estaba muy bien, pero que Eliécer era con C y no con S, noté que no sabía a que letras me refería y señalé la C de Cine en el anuncio de la tienda, luego escribió en el suelo:

ELIECER

- ¿Así? - preguntó.

- Así - afirmé.

- Ah pero suenan igual - agregó.

- Claro! Se pronuncian igual pero así es como se escribe - le dije. Y preferí no ahondar en el acento de la E.

Le pregunté por sus noches y por sus días, me dijo que pasa las noches despierto, puesto que lo pueden hasta matar porque “En la calle hay gente mala flaco” y duerme en el día, me dijo que estaba en la calle desde los 5 años, que su madre vivía en La Guaira pero que lo había regalado a una señora de Petare, de la cual nunca más supo nada y “Ya no debe ni existir”. Le pregunté si lloraba y me respondió “Mucho”.

Luego señaló uno de los carteles de películas que adornan la entrada de la tienda y me dijo:

- Uy yo quiero volver a ver esa película - Señalando el cartel de Las aventuras de Chihiro.

Extrañado le pregunté si en serio había visto la película y me respondió:

- Claro! Los papás de ella llegan a una casa y se comen un montón de pollo y comida y se convierten en marranos.

Me di cuenta que, efectivamente, la había visto y yo había pecado de incrédulo. Le pregunté:

- ¿Dónde la viste?

- En el cine - dijo.

- ¿En cuál cine? - pregunté incrédulo nuevamente.

- En el del San Ignacio - sonrió.

- ¿Y cómo hiciste para entrar?

- Pues me coleé - sonrió de nuevo - esperé a que entrara toda la gente y cuando el de la puerta se descuidó me metí, me escondí debajo de las sillas y me puse a ver la película, los de seguridad me buscaban por toda la sala - risas - pero me consiguieron y me sacaron, y no la pude terminar de ver, y me llevaron para afuera y me daban con el radio por la cabeza y me decían MALDITO MALDITO!

Yo que no sabía si reír o llorar por la historia de Eliécer, y porque no había podido terminar de ver su película le propuse un trato, le dije que le iba a buscar la película y se la iba a proyectar en la tienda, eso sí, él debía primero bañarse bien con agua y jabón, me dijo que se podía bañar pero que no tenía más ropa y con la misma ropa iba a oler mal, cambié el trato, entonces propuse buscarle ropa y zapatos nuevos, una vez que él tuviese el jabón yo le daba la ropa, iba a tener la película esperándolo en la tienda y el día que llegara limpiecito, sin oler a calle y soledad, lo sentaría frente al televisor con unas cotufas para que viera la película de principio a fin sin ningún guardia de seguridad que lo buscara y sin golpes en la cabeza. Así cerramos el trato.

Seguimos conversando y Eliécer nombró a Dios, le pregunté si creía en Dios y me dijo que sí, luego se agachó un dibujó una cruz, me dijo que en ella habían colgado a Dios, que tenía clavos en las manos y estaba lleno de espinas en la cabeza, que la sangre chorreaba mucho mucho mucho, que un hombre le había clavado una estaca y cuando él lloró se empezó a derrumbar todo. Le pregunté entonces que cómo sabía eso, me dijo que esa película también la había visto (La pasión de Cristo, asumo) una semana santa que la estaban proyectando en la calle. Sonreí entonces y le dije:

- Parece que has visto más películas que yo Eliécer.

Y me dijo:

- No flaco, seguro tú has visto todas las películas del mundo.

Hoy llegué a la tienda con una bolsa para Eliécer, dentro de ella: una muda de ropa, un par de zapatos, medias, ropa interior, un desodorante y un cepillo dental. Hace poco vino a visitarme como es costumbre, le mostré que ya tenía mi primera parte del trato y se le iluminó el rostro, aunque con un cierto halo de extrañeza, pero es comprensible. A cambio, Eliécer sacó de su bolsillo un dije de una virgencita y me lo dio para que “me protegiera”, le pregunté por qué no se lo quedaba él para que lo protegiera en la calle y respondió:

- Flaco en la calle yo necesito más que eso para que me proteja.

Ahora sólo me queda encontrar Las aventuras de Chihiro doblada al español y que Eliécer cumpla con su parte del trato, la tienda no es el lugar más cómodo para ver una película pero al menos aquí no habrá golpes, ni maldiciones, ni películas sin final.

No Eliécer, yo no he visto todas las películas del mundo, pero el cine nunca deja de sorprenderme.

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